30 ene. 2010

Hay Festival 2010. Entrevista a Vargas Llosa.

Genial pero modesto y disciplinado: “yo quiero ser buen escritor”, dijo hoy el mejor de los que hay en Latinoamérica. Tan agudo e incisivo como elegante y cortés. Soñador pero mundano, en su primera acepción: “perteneciente o relativo al mundo”, o “aterrizado”, diríamos. Arriesgado pero no fanático, realista mas no pesimista: “yo creo en el progreso”. Preciosista en el estilo pero transgresor con sus contenidos y su personalidad, rica en matices: literato, periodista, candidato a la presidencia del Perú, activista y defensor de la libertad y la democracia, estudioso y apasionado de la historia, en una palabra: lúcido. Mario Vargas Llosa es, además de un gran escritor, un pensador. Hoy nos dio a los asistentes al Teatro Pedro de Heredia una lección de grandeza artística e intelectual. Y Héctor Abad, el entrevistador, estuvo a la altura, a la altura del más alto. Aquí algunos de los apartes de mayor esplendor:

“Creo que la disciplina nació de una comprobación un poco deprimente y es que yo carecía de inspiración, de esa fuerza milagrosa que baja de alguna parte, se apodera del escritor y hace que escriba en estado de trance. Eso a mí no me ocurre. Yo la inspiración tenía que creármela a base del esfuerzo, del trabajo, de corregir, de rehacer las primeras versiones de todo lo que hacía, que sentía que eran muy malas, que ahí no había vida, que eran palabras muertas. Entonces tratar de suplir esa falta de inspiración a  base de trabajo, fue lo que me convirtió en un escritor disciplinado”.

”Aprendí a leer a los cinco años y es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Recuerdo cómo se enriqueció el mundo, la vida, gracias a esa operación mágica que es aprender a descifrar esas palabritas y entrar a vivir en un mundo mil veces más rico, más diverso, más aventurero, más inesperado, pero también más coherente y más comprensible que el mundo real. Para mí la lectura fue algo verdaderamente milagroso y gocé tanto sumergiéndome en esa operación que me permitía viajar en el tiempo, en el espacio y tener unos destinos tan deslumbrantes”.

”La atracción del abismo. La política muchas veces es un territorio privilegiado para los rufianes, pero no hay que sacar de allí conclusiones aristocráticas. La política es de rufianes pero los caballeros no deben darle la espalda. Si la gente decente debe apartarse de la política, si los inteligentes no deben hacer política pues van a hacerla los mediocres y los deshonestos”.
“No hay otra manera de mejorar la sociedad y el mundo en el que vivimos sino a través de la acción cívica y eso significa hacer política. Y mientras más gente decente pueda hacer política pues más se adecentará la política. No podemos jugar a la avestruz ni hacer ese tipo de desplantes un poco cínicos que muchas veces le encantan a los escritores. La política es una cosa importante, seria y hay que tratar de erradicar a los rufianes del mundo de la política”.

Podemos ser intransigentes en materia estética. En poesía, en novela, la imperfección no es aceptable, en ningún caso. En política eso es imposible. Quienes creen que pueden alcanzar la perfección en política son sordos, fanáticos. Y el resultado de eso no es la perfección sino siempre la catástrofe, el cataclismo, la guerra civil, la matanza, la dictadura. Entonces en política hay que aceptar el hacer concesiones, sin perder de vista el objetivo final, pero aceptar la realidad, la complejidad que es tratar de crear consensos en las personas, y eso es la democracia que, a mi juicio, es el menos malo de todos los sistemas, es el que ha frenado más la violencia (que forma parte de la naturaleza humana), la que ha creado las sociedades más avanzadas y más prósperas, las menos inhumanas. Creo que la democracia significa eso: transigencia, tolerancia. Y a los artistas, a los creadores no les gusta esa “mediocridad” que significa la democracia y por eso suelen ser mucho más revolucionarios que demócratas”.

”En lo que se refiere a la política, desde muy temprano en mi vida contraje un horror visceral contra el autoritario, contra el hombre fuerte, contra el dictador, y fue por una experiencia muy personal, porque tuve una relación muy mala con mi padre, un hombre muy autoritario. Para mí fue traumática esa experiencia, descubrir a mi padre a los diez años fue descubrir la autoridad, yo desconocía eso y era una autoridad que se imponía con mucha fuerza, incluso con brutalidad. Y creo que desde esa época hay en mi un rechazo visceral a esa cosa autoritaria, de imponerse por la fuerza, a dominar, a mandar, a humillar. Entonces no creo que hubiera podido ser nunca un fanático. Ahora, en mi propio trabajo, una dosis de fanatismo yo creo que es inevitable. Si uno quiere sacar adelante una obra literaria se enfrenta con enormes dificultades y obstáculos, la única manera es creer ciegamente en lo que pretende hacer e insistir, y poner al servicio de eso todo lo demás. Hay un egoísmo enorme en dedicarse de esa manera a un trabajo creativo”.

”Siempre he creído que la literatura es muy importante, y no sólo por el placer que nos depara un gran libro, que desde luego  es enorme. Creo que es algo más. Hago un examen de conciencia y me pregunto cómo hubiera sido mi vida si no hubiera leído a Flaubert, a Faulkner, a Joyce, si no hubiera leído a todos esos escritores que me han enriquecido tan extraordinariamente la vida. Pues mi vida hubiera sido infinitamente más mediocre, más triste, mucho más limitada en perspectivas, mis deseos hubieran sido mucho más pobres seguramente. La literatura despertó en mí unos apetitos que probablemente hubieran quedado estragados sin la ayuda de los grandes creadores. Creo que ese espíritu crítico que tengo respecto a mi entorno, respecto a mi tiempo, es algo que nace como consecuencia de las muchas ideas que la literatura me dio. Entonces, yo sí creo que la literatura es un alimento fundamental para que nosotros vivamos mejor, para que nuestras sociedades funcionen mejor. Creo que la literatura no es, como han llegado a creer en nuestro tiempo muchos escritores, un simple divertimento, de altísima calidad, pero un divertimento. No, yo creo que hay  algo esencial en el progreso humano que deriva de esa necesidad que hemos tenido, desde el principio de los tiempos, de inventar historias, de inventar una realidad paralela a la realidad en la que vivimos, de refugiarnos en esa realidad, porque esa realidad en la que estamos inmersos no nos da todo lo que quisiéramos, no es capaz de aplacar todos nuestros apetitos, deseos, ambiciones. Y creo que de eso ha provenido en buena parte el desenvolvimiento humano. Si hubiéramos desde el principio tenido una sociedad sin historias, sin literatura, tal vez no hubiéramos salido nunca de la caverna".

“La literatura a veces nace del fango. El fango produce algo bellísimo de pronto. Hay escritores que hay que leerlos pero no conocerlos, desde luego no preguntarlos. Qué maravilla si todos los grandes escritores fueran hombres buenos, sanos, ejemplares, llenos de virtudes. No, la realidad humana no es eso. Una muy mala persona puede producir obras  extraordinarias. Una magnífica persona, que te seduce por su generosidad, por su limpieza, por su coherencia, luego la lees con gran entusiasmo de entrada, y descubres que es un mal escritor. Cuánto quisiéramos que esos escritores que queremos como personas, que admiramos, fueran grandes escritores. A veces lo son , pero a veces son muy malos escritores, y ¡qué tristeza! Y en cambio un canalla, inaguantable, de pronto escribe una obra maestra y nos entristece, porque bueno, eso somos, esa es la realidad humana, la condición humana, por eso no hay que juzgar a la literatura por la biografía de los escritores, y a veces la biografía pues nos explica cosas. Una cosa es la literatura y otra cosa son los que la producen”.

“Yo creo en el progreso. Creo que hoy en día vivimos mucho mejor que hace mil años. La sociedad ha evolucionado, ha progresado, y creo que uno de los grandes instrumentos del progreso humano ha sido la política. Si uno ha leído un poco la historia sabe toda la barbarie que nos precede. Todavía vivimos en un mundo donde hay muchas manifestaciones de barbarie, pero el progreso es gigantesco si comparamos distintas épocas históricas”.

2 Comments:

Samuel Francisco said...

Pues creo que en Vargas Llosa, por lo menos en su personalidad pública, uno no encuentra ni pizca de la vanidad que debería tener alguien que ha escrito tres o cuatro obras maestras. Me hubiera gustado que transcribieras cómo le hizo Héctor Abad la pregunta de los rufianes, para que algunos moderadores tomen nota de cómo las preguntas pueden ser pertinentes y al mismo tiempo bellamente construidas.

Carolina Alonso said...

Este comentario no sólo pretende agradecerte por la transcripción de esta conversación (muchas gracias), también quiero felicitarte por este espacio que has creado. Leí algunas de las entradas y creo que son valiosas no sólo por su contenido, sino por su forma... eso me gusta, porque las palabras inteligentes escritas bellamente son mucho más poderosas. También me encanta la forma en que vas tejiendo redes, con los enlaces y los textos referidos. Te felicito y te mando un abrazo grande; seguiré leyéndote. Un beso.