11 feb. 2010

Entrevista de la Silla Vacía a Manuel José Cepeda. Las explicaciones del ex magistrado son saludables para la democracia colombiana

La Silla Vacía entrevistó ayer al ex magistrado de la Corte Constitucional Manuel José Cepeda, sobre la supuesta variación de su voto en el fallo de constitucionalidad de la primera reelección, que luego se habría visto "recompensada" con el ofrecimiento de la Embajada de Colombia en Francia para su padre, Fernando Cepeda. El tema es delicado y dos de los más serios columnistas que tenemos lo habían denunciado: 


Es saludable para nuestra democracia conocer las explicaciones de uno de los juristas de mayor estatura intelectual en Colombia, sobre un episodio que ha despertado suspicacias. ¿Se apresuraron los columnistas al juzgarlo? Pienso que no: el asunto a primera vista no lucía bien y era su deber denunciarlo. Así como también era el deber del ex magistrado aclarar la situación, como lo sigue siendo el del resto de magistrados que en aquel entonces votaron a favor de la reelección y a quienes, curiosamente, como lo anota María Jimena Duzán en su columna, luego les ha ido "muy bien" con el gobierno. 
Cada quien es libre de hacerse su opinión al respecto después de leer la entrevista. Recomiendo los comentarios de los usuarios al post de la Silla Vacía, muy ilustrativos sobre el particular. 

Algunos apartes de la entrevista de La Silla Vacía:

¿Qué tanto cambia la posición inicial de los magistrados?
En la reelección pasada, como hubo cerca de 20 ponencias se supo cuál era la posición inicial en ciertos temas. En la deliberación pasada, y es público en las actas, en el arranque hubo tres ponencias que en vicios de procedimiento proponían la inconstitucionalidad del artículo sobre la reelección. Hubo seis que no consideraban que había vicio de inconstitucionalidad. Entre esos seis estaba mi posición.


¿Esa fue su posición?
Mi posición fue que básicamente una de las irregularidades alegadas, a lo sumo se trataba de una falla reglamentaria subsanable que en ningún caso podía ser considerada un vicio de inconstitucionalidad. Dije que sí en el curso del debate me convencían de lo contrario, estaba dispuesto a votar por la inconstitucionalidad. Ahí sostuve la misma posición que en casos anteriores como el del Estatuto Antiterrorista. En ese caso, fui el único que concluí que lo que cinco magistrados habían calificado de vicio de inconstitucionalidad era una irregularidad subsanable. Lo que hice fue mantener la misma posición que siempre he mantenido cuando se alegan controversias en torno al reglamento del Congreso y no respecto de la violación del texto de la Constitución.


Pero en el acta se ve que si bien usted nunca propuso la inconstitucionalidad, sí sugirió devolver la ley al Congreso para subsanar la irregularidad en el trámite.

Lo de devolver el acto legislativo al Congreso es una alternativa para que se de la subsanación. Pero esa alternativa requiere que se demuestre la existencia de la irregularidad. A lo largo del debate, uno de los magistrados que votó por la inconstitucionalidad, mostró por qué esa irregularidad no había existido, ya que en la demanda que le correspondió estudiar ese tema era central y lo había analizado con todo detenimiento. Para él, el vicio residía en un hecho diferente. Por eso, no aclaré mi voto sobre ese punto, sino que mantuve mi posición en el sentido de que en todo caso no había un vicio de inconstitucionalidad.  Eso no es ceder, sino reconocer una realidad fáctica, demostrada en el proceso con base en las pruebas analizadas de manera colectiva en la Sala Plena. Por eso tampoco aclaré el voto sobre ese punto.

¿De dónde viene la percepción de que cambió su posición? 
Para mí es inexplicable, porque nunca propuse la inconstitucionalidad. El acta es pública. Cualquiera que quiera verificar mi posición puede consultar el acta donde explico cuál es mi ponencia, así como otros explicaron la suya. En ella se verá que respecto de una irregularidad reglamentaria sostuve que era subsanable, y no un vicio de inconstitucionalidad. Creo que hay una razón política detrás de esa percepción.


¿Qué razón política podría haber? En tiempos tan candentes como este, los hechos son irrelevantes. Quienes están a favor y en contra de una segunda reelección, encuentran argumentos para sustentar su tesis. Quienes han venido sosteniendo que esta Corte no es independiente y que va a fallar a favor de la reelección, tienen que encontrar argumentos para decir que Humberto Sierra va a cambiar de posición y votará por la exequibilidad . Y quienes están a favor, tienen que mantener viva la esperanza de que el referendo va a salvarse. Dicen que cuando una persona es abierta a la deliberación puede ser convencido como Manuel José Cepeda. Tanto los unos como los otros, encuentran una forma de justificar que puede haber modificaciones.


Y además está el nombramiento de su papá como embajador en Francia, lo cual confirmaría la sospecha
Es un punto importante. Por eso cuando mi padre me contó que le habían ofrecido la embajada le dije que prefería que no aceptara porque la malediciencia era predecible. El fallo de la reelección fue en octubre de 2005 y a Fernando Cepeda le ofrecieron la embajada en agosto de 2006. Además, lo nombraron en circunstancias que se olvidan porque en épocas candentes los hechos son irrelevantes.

¿Cuáles hechos?
Se supo que la embajada en Francia se la habían ofrecido a Ernesto Samper. Andrés Pastrana era embajador en Washington y apenas se enteró se vino a hablar con Uribe. Como resultado, ni Samper fue nombrado en París ni Pastrana siguió como embajador en Washington, dado que renunció, en lo que se llamó en su momento una mini-crisis diplomática. En ese momento, se tomaron decisiones rápidas, sobre todo en Francia, donde estaba el tema de Ingrid. Entonces, le ofrecieron la embajada a una diplomática que no aceptó el cargo y luego a una persona cercana al Presidente que tampoco lo hizo. Solo en esas circunstancias, le fue ofrecida a Fernando Cepeda, quien mantuvo la aceptación a pesar de mi oposición.¿Quién puede creer que yo logré tejer esta serie de eventos inesperados para que mi padre fuera nombrado en Francia?

¿Qué dijo él?
Que cada uno había tenido sus carreras independientes, y que el nombramiento tenía que ver con su actividad académica concerniente a las relaciones internacionales durante toda una vida, lo cual es ampliamente reconocido, así como con su carrera diplomática, puesto que él había sido nombrado embajador en Londres por Barco, en la ONU por Gaviria, en Canadá por Gaviria y en la OEA por Samper.


No sé si esa percepción de que usted cambió de posición se refuerza con la idea de que a los que votaron a favor de la reelección les fue mejor con el Gobierno.

No estoy de acuerdo con eso. Creo que son lecturas que distorsionan el trabajo de una Corte y como un magistrado concibe su función. Estoy seguro que ningún magistrado le ha pedido ningún favor al gobierno. Son lecturas facilistas. En lo que a mí respecta, fui ponente de las dos sentencias más duras y costosas para el gobierno: la T-025 de 2004 sobre desplazados y la T-760 de 2008 sobre salud.

¿Qué tanto pesó en su posición sobre el fallo de la reelección la convicción de que la supervivencia de la Corte estaba en juego si fallaban en contra de Uribe?
Nunca creí que el fallo, cualquiera que fuera su sentido, dejaría de ser acatado. Mucho menos que acabaría con la Corte. La tutela, los derechos, la independencia judicial y el rigor que ha demostrado la Corte son los cuatro pilares de su legitimidad.

Lo anterior no significa que la sostenibilidad de la Corte y la consistencia de la jurisprudencia en el largo plazo sean irrelevantes. Lo es en todos los casos donde se da un paso importante. En el caso de 2005, ello se reflejó en la conclusión de la Corte en el sentido de que se permite la reelección pero por una sola vez. Es una posición equilibrada que se proyecta en el funcionamiento de las instituciones en el largo plazo.

También era relevante para mí la unidad de la Corte. Rara vez aclaré el voto para exponer mi visión personal de los temas, que la tengo en casi todos los fallos que suscribí. Por eso, en el fallo de la reelección en 2005 no aclaré el voto. Lo esencial para mí era que, en derecho, nada militaba a favor de la tesis de la inconstitucionalidad, convicción inicial que creció a medida que avanzó el análisis colectivo de los temas.

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