14 feb. 2011

¿Estado o concepto fallido? (II)


Antes que un ideal tipo estático, el Estado es un proyecto global y por ende un problema en permanente construcción histórica, similar a la democracia y el capitalismo liberal.


El péndulo histórico del fracaso estatal

La  debilidad y el fracaso del Estado-nación como modelo asociativo no son fenómenos nuevos. No lo fueron en sus inicios, cuando el Estado nacional debió competir con los “imperios preceptores de tributos” y los esquemas de “soberanías fragmentadas” (ciudades-estado y federaciones urbanas) para imponerse como sistema de organización humana prevalente en el mundo. Ni tampoco dejaron de serlo después de la firma en 1648 de la Paz de Westfalia, hecho que se considera el mojón histórico que marcó la consolidación del Estado moderno y el inicio del sistema interestatal europeo basado en el concepto de soberanía nacional. Tanto guerras (“motor de la formación y transformación del Estado”, según Charles Tilly), como invasiones, anexiones, implosiones y secesiones se siguieron produciendo y el número de Estados multiplicando.

En 1914, después de la caída de los imperios austro-húngaro y otomano, se contaban 55 Estados. En 1919, el fin de la Gran Guerra dejó un saldo de 59. En 1950, aumentó el número a 69. En 1970, con la independencia de buena parte de África, había 90 Estados. Con la independencia de otros territorios africanos, asiáticos y oceánicos y la implosión de la Unión Soviética en 1991, el número se elevó a 191. En la actualidad, tras la independencia de Timor Oriental en 2002, existen 192 Estados.

En 2006, Chomsky publicó un libro (Failed States: The Abuse of Power and the Assault on Democracy) bastante audaz donde argumentó que Estados Unidos presentaba varias de las características de un Estado fallido, entre ellas la incapacidad o falta de voluntad de su gobierno para proteger a sus ciudadanos de la violencia, el peligro incluso de propiciar con su política exterior su destrucción, la tendencia a actuar con desconocimiento de la ley internacional creyéndose libre para agredir a otros países sin legítima justificación y el delicado déficit democrático resultante de todo lo anterior que privaba a sus instituciones, formalmente democráticas, de verdadera sustancia. En Latinoamérica, la más reciente víctima de este versátil estigma fue México, a causa de la escalada violenta generada por el narcotráfico en el norte del país; situación por la que ya atravesaron en la región Argentina en 2002 debido a la crisis económica y, según el Índice Global de Estados fallidos, Colombia y República Dominicana en 2005 (en la región Caribe, Haití se considera un Estado estructuralmente fallido desde que se realiza esta medición).

Europa, el laboratorio de creación, consolidación y luego exportación del Estado moderno al resto del mundo, tampoco ha permanecido ajeno a los avatares de la debilidad estatal. Francia fue un Estado colapsado durante el régimen de Vichy, incapaz de garantizar el control del territorio frente a la ocupación nazi; Italia en la década de 1970, cuando las mafias de Calabria y Sicilia llenaban de drogas, carros-bomba, secuestros y muertos las calles de Nápoles y Palermo; España, durante el gobierno de Franco, como cualquier Estado sumido en una dictadura, fue fracasado desde el punto de vista del respeto por las libertades individuales.

Ni siquiera hoy los problemas están resueltos para el primer mundo. Un análisis concienzudo de la situación económica actual en Grecia, Irlanda, Portugal, España y, en general, de la viabilidad del euro a mediano plazo como moneda común de la Unión Europea, y tal vez de ella misma a largo plazo como el proyecto asociativo supraestatal más ambicioso que registra la historia, no arroja resultados muy alentadores. Una mirada al sistema de salud estadounidense (recomiendo al efecto ver el documental de Michael Moore que salió en 2007, Sicko) antes de la reforma estructural impulsada por Obama, que hoy quieren deshacer los republicanos, lo ubicaría en el podio de Estados socialmente fracasados.

Colombia, un país que vivió la mitad de los años del siglo XIX y sesenta de los cien años del XX inmersa en algún tipo de guerra, sin duda ha conocido múltiples períodos de fracaso estatal. Paul Oquist documentó el “colapso parcial” que sufrió el Estado colombiano durante el desangre humano y el derrumbe institucional que supuso la época de “La Violencia” (1948-1958). Igual ocurrió  durante la llamada “doble guerra” que libró el Estado colombiano en la década de los ochenta contra el narcoterrorismo del Cartel de Medellín y la fugaz unión de todos los grupos guerrilleros en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.

Antes que solución, los grandes problemas tienen historia. El Estado, como cualquier gran proyecto humano, lleva ínsito el riesgo de su fracaso. De ahí que Jeffrey Herbst (2004) sostenga con razón que los Estados “tienden a fracasar”. La circulación de los Estados por el continuo fortaleza-debilidad es temporalmente dinámica. Cualquier Estado, en ciernes o consolidado, sigue siendo un programa irrealizado que corre permanentemente el riesgo de fortalecerse o debilitarse.

El Estado no es un ideal tipo estático e invariable, sino un proyecto global y por ende un problema en permanente construcción histórica, similar a la democracia y el capitalismo liberal. Sin duda, la situación de Somalia no es la misma de Suecia, pero ambos presentan fortalezas y debilidades diferenciadas: a pesar de contar con los mejores índices de desarrollo humano, los países nórdicos tienen la tasa de suicidios más alta del mundo, ¿habría que crear entonces la nueva categoría de los “Estados suicidas”? Después del WikiLeaks Cablegate desatado en noviembre pasado, ¿no es Estados Unidos un Estado “diplomáticamente fallido”? 

2 Comments:

gerard said...

Excelente. Llego al número II a través del No 111 publicado hoy en Semana, que también me parecio incluso mejor. Lo propongo difundir (III) a traves de mi blog, lalineadefuego.wordpress.com (Quito)presumiendo que no haya problema con Semana.

Gerard Coffey

José Fernando Flórez said...

Po supuesto que sí Gerard, no dudes en hacerlo y muchas gracias por la difusión.

Un saludo cordial.