5 de may. de 2010

Entrevista a Juanita León, directora de “La Silla Vacía”

Juanita León, para ir rápido, es la cara del nuevo periodismo colombiano: ese periodismo independiente, valiente, ágil, virtual, desprendido del papel y libre de autocensura. Amable, bella y, sobre todo, inteligente, Juanita nos recibió en el barrio La Macarena de Bogotá, en la sede de La Silla Vacía, el más exitoso website de análisis político independiente del momento, del cual es fundadora y directora. Hablamos sobre el conflicto colombiano, los medios de comunicación y su trabajo.

La Silla Vacía es un medio cuyo nombre expresa de manera paradójica un espacio nuevo que empieza a ser ocupado por un mejor periodismo, por un mejor ciudadano, pero que a su vez denuncia el vacío que dejan los ausentes, quienes, por acción u omisión, también ejercen poder en algunas democracias. Juanita León estudió derecho en la Universidad de los Andes convencida de que quería ser periodista e hizo posteriormente una maestría en periodismo en la Universidad de Columbia. Después de trabajar en The Wall Street Journal Americas, en Nueva York, regresó a Colombia a El Tiempo, donde fue editora de la Unidad de Paz y cubrió el proceso de paz con las Farc. En la Revista Semana trabajó como editora de reportajes y a la vez escribió los libros No somos machos pero somos muchos, cinco crónicas de resistencia civil (Norma, 2004) y País de plomo, crónicas de guerra (Aguilar, 2005). En 2006 ayudó a crear la edición diaria de Semana.com. Después de pasar un año en Harvard, como Nieman Fellow, dirigió el lanzamiento de la revista Flypmedia.com, en Nueva York. Volvió al país a fundar La Silla Vacía, hoy uno de los medios virtuales más importantes e influyentes en la esfera del poder nacional.
 
A continuación la entrevista completa y sin editar. Al final, el pdf de la Revista Zero Número 24, que se puede descargar on line.  

I. ¿Justicia y Paz?
1. Zero: Su periodismo se dedicaba al conflicto, o por lo menos así lo evidencian sus libros. Ahora sus investigaciones se dan en territorios apartados, pero con historias diferentes. ¿Son éstas crónicas del posconflicto?
Juanita León: Las historias de tierras que he hecho son una clara evidencia del posconflicto, pues en estas zonas ya no hay combates, no hay secuestros o no hay desplazamiento. Sin embargo, quienes están recogiendo los frutos de la paz no son las víctimas. No son los desplazados quienes han podido recuperar sus tierras sino los terratenientes, que han comprado a muy bajos precios por el problema de la guerra. Estas tierras se han valorizado y las están usando para hacer proyectos agroindustriales, porque parece que encontraron petróleo en la zona. Entonces sí, estas son historias del posconflicto. La historia de la Orinoquia por ejemplo, que era una zona totalmente inexplorada, en parte porque la guerrilla y los paras estaban allí, y ahora que la situación es de más tranquilidad han llegado estas personas a comprar grandes extensiones de tierra para sus proyectos.

2. En Colombia estamos en un proceso de desmovilización parcial, de apenas algunos de los actores armados. Por lo tanto, no se puede hablar de un “posconflicto” porque no hay un cese definitivo de las hostilidades por parte de todos los actores ¿Qué opinión le merece este modelo de justicia transicional sui generis que adoptó Colombia con la Ley de Justicia y Paz?
Pienso que las intenciones de Luis Carlos Restrepo y el gobierno eran detener la máquina de la guerra y la desmovilización, en ese sentido, fue bastante efectiva. Veníamos de unas masacres de un montón de personas, de un desplazamiento inmenso y la Ley de Justicia y Paz fue efectiva en desarmar a a mucha gente y en detener el crecimiento que tenían en ese momento los aparatos de la guerra. Creo que el gobierno había pensado inicialmente en un proceso total de amnistía, pero se atravesaron Gina Parody, Rafael Pardo, los gringos y, afortunadamente, al final no lo pudieron hacer. Los paramilitares siempre tuvieron un plan B por si los traicionaban, como en efecto sucedió, y las bandas emergentes ahora son el resultado de que ese proceso no se hizo de manera transparente ni hacia la sociedad, ni hacia los mismos combatientes. Hubo una cantidad que no se desmovilizaron, yo estuve en tres de esas “desmovilizaciones” y era clarísimo que habían reclutado jóvenes de los barrios sin que fueran paras: los uniformes eran nuevos, las armas que entregaban eran viejísimas, hubo mucho engaño. Pero tampoco se puede negar que algunos sí se desmovilizaron y se detuvo la parte más frontal de la guerra. Mal que bien se han descubierto varias fosas comunes, una cantidad de gente ha recuperado sus muertos y en estos años hemos sabido más sobre lo que sucedió de lo que nos imaginábamos que íbamos a saber pero, como en la sociedad no hubo un proceso de capacitación, de concientización sobre lo que estaba pasando, pues la gente ni se enteró de todas esas revelaciones que hicieron los paras, no las procesó. Ahora tenemos más verdad, más justicia, ayer estuve con uno de los abogados de los paras en Estados Unidos y se sabe que a Mancuso le van a dar como 20 años. Con todo, los tipos están en la cárcel y no firmando autógrafos, como estaba Mancuso hace unos años. Sin embargo hay una falta de visión del Estado y de transición cultural alrededor de eso, no ha habido un proceso de concientización donde la gente sienta que lo que se hizo estuvo mal, que no tiene justificación, que se cometieron crímenes horribles  y que vamos realmente hacia otro estado de conciencia social.

3. ¿Qué futuro le ve a este proceso de justicia transicional?
Con todas las declaraciones de los paras se inició un proceso irreversible en el sentido de que cada vez más gente se va a ver salpicada, llegará a los más altos, a los capitanes, coroneles, y los que ahora están involucrados no se van a ir solos. Es decir, si a Montoya ya lo están salpicando de esa manera, esto continuará y alcanzará a los empresarios. Estas cosas empiezan a tener una dinámica propia, más allá de lo que quiera el presidente de turno. Ahora, lo que ocurre con las bandas emergentes es que, como no lo hicimos bien, se repetirá la historia y vamos a estar en dos o tres años con otros mafiosos. 

4. ¿Cómo ve en ese sentido la declaración del Director de la Policía, el General Naranjo, reconociendo los errores de ese proceso?, ¿la forma en que se dio ese proceso dejó dolidos a los estamentos militares y policiales?
Cuando hice la historia de los Montes de María, hablé con uno de los coroneles que había liderado toda lo ofensiva militar en el lugar y me contaba que realmente murieron muchos soldados con las minas antipersonales en todas las ofensivas, y que lo que tenían en mente no era que éstos fueran ahora los dueños de la tierra, sin que la gente pudiera volver. Creo que hay unos estamentos militares que dicen “nosotros también arriesgamos aquí la vida para que las cosas se hagan de una manera y al final no salieron así”. Es decir, pienso que para Naranjo el asunto obviamente es muy frustrante, que él lleva no sé cuántos policías a las comunas y luego descubre que debajo de la mesa lo que hay es una negociación para bajar los homicidios ficticiamente. Como no hay una política de Estado clara y transparente, sino que siempre hay un plan A oficial y un plan B que es el real, esto genera dentro de la gente que sí está trabajando en el plan A una frustración muy grande.

5. ¿Qué piensa de la negociación con la guerrilla ahora que ha comenzado un diálogo epistolar entre el General Padilla y el Mono Jojoy?
Es imposible hacer un verdadero proceso de paz en Colombia sin tener en cuenta a las Fuerzas Militares. Cuando cubrí el Caguán era impresionante el boicoteo que los militares hicieron del proceso de paz porque no los tuvieron en cuenta, y tiene sentido tenerlos en cuenta. Uno ve que la negociación es más fácil entre los combatientes que entre los estamentos políticos, y aunque aquí no puede haber una negociación solamente entre los combatientes, hay que tenerlos en cuenta. Lo que no resulta claro es qué se negociaría con ellos.

6. Aunque esto rompería con los paradigmas de justicia transicional porque, como Colombia no viene de una dictadura militar, al incorporar al ejército institucional como uno de los “actores de negociación”, se generaría por lo menos una ambigüedad…
Sí. No se trata necesariamente de sentarlos en la mesa, sino de tener en cuenta sus temores y aspiraciones.

7. Su formación inicial no fue como periodista. ¿Ha sido esto un problema o una ventaja ?
Desde que estudié derecho lo hice convencida de que quería ser periodista. No estudié Comunicación Social porque me daba la impresión de que en la época eso sólo lo estudiaban las reinas y esa formación daba una visión superficial y muy de proceso, pero no de contenido. Aprender la técnica del periodismo es muy fácil, se hace en tres meses, es como una cosa de plomería.

8. ¿El periodismo es más un oficio que una profesión?
No sé exactamente qué diferencias hay, pero uno sí aprende periodismo haciéndolo rápidamente. A mí lo que me dio el derecho fue contenido, entender el contexto político en el que uno opera, esos procesos que en la comunicación social no enseñan. Por ejemplo, aquí en mi equipo no contrato ningún comunicador social y la única comunicadora social que tenia la cambié rápidamente porque sentí que no manejaba contenido. Para mi es muy útil haber estudiado derecho porque me enseñó a pensar en términos de ideas y teorías, que el periodismo obliga a aterrizar en términos de historias. Entonces, al principio me costó hacer el tránsito de las teorías a las historias: en Columbia, cuando estaba estudiando periodismo, mi profesor me decía: “no me digas tu teoría de la inmigración, cuéntame cómo el inmigrante estaba vestido, si tenía porcelanitas, fotos de su país natal…” y yo no veía nada, el derecho te quita los ojos, los oídos, la nariz y sólo te deja usar la cabeza. Más que dejar de ser abogada, para mí se ha tratado de comenzar a utilizar otros sentidos diferentes de la cabeza .

9. ¿Cuál es la noticia más importante qué ha revelado La Silla Vacía?
Las historias de tierras han sido importantes, pero no son las que han tenido más impacto. En términos de impacto, la chiva de la ponencia del referendo, aunque ese tipo de cosas alguien te las filtra y al final no resultan tan importantes. Algo que revelamos y hace que me sienta muy orgullosa es el análisis del “Estado de opinión”, un concepto del que nadie se había dado cuenta. Nosotros compilamos todas las citas del presidente hablando sobre el tema, luego varios columnistas lo retomaron y el asunto por fin entró en la agenda.

10. Lo interesante es que el concepto no sólo entró al imaginario colectivo común sino intelectual. Ahora los académicos hablan del “Estado de opinión” como otra categoría de Estado.
No se trató de un gran trabajo de reportería sino de investigar que el Presidente había usado la expresión exactamente 103 veces desde el referendo. También haber cubierto el caso de Plazas Vega con seriedad ha sido importante. Me gustan los temas de conflicto y tierras. Ahora, en lo político, en muchas de las intervenciones ciudadanas ante la Corte Constitucional en contra del referendo utilizaron nuestras historias sobre cómo había sido lo de los tránsfugas de Cambio Radical. Hemos hecho muchas historias de las movidas políticas que terminan siendo utilizadas en esas intervenciones y teniendo un impacto que no estaba previsto.

11. ¿Cuál será el hecho noticioso en el 2010?
Por lo pronto, que la Corte hunda el referendo, y el hecho noticioso será qué va a hacer Uribe cuando se hunda, cómo va a intentar quedarse en el poder.

12. ¿Existen noticias positivas?
Creamos un nuevo blog que es para discutir las cosas de La Silla Vacía con los usuarios, desde la cocina. Mi última entrada fue sobre lo difícil que es escribir historias positivas de alguien porque uno se siente adulando, contrariando una  la ley del periodismo que es darle palo a la gente y no servir de publicista de nadie.  La entrevista que le hice a Manuel José Cepeda, donde contaba cosas que son hechos, no era publicidad. Cada vez que hemos hecho una historia positiva nos han dado mucho palo, salvo con la de la fiscal que lleva el caso de Plazas Vega, que era un “perfil” y a la gente le gustó. En general, me cuesta mucho trabajo hacer historias positivas porque pienso que la realidad es mucho más compleja y tiene siempre cosas buenas y malas.

13. ¿No es también un problema de la audiencia, que no le gustan tanto las noticias positivas y prefiere las negativas?
Sí, me da la impresión de que las historias positivas no tiene audiencia. La gente, cuando le preguntan, dice que quiere cosas más positivas, pero cuando lo hemos hecho, salvo esa historia de la fiscal, no las lee. Hicimos una sobre la colaboración de Colombia en Haití, otra sobre lo que había hecho el canciller en Ecuador, otra sobre Leila Rojas, que es la viceministra del Agua (este gobierno parece que ha hecho algo importante en términos del agua), pero siempre hay la sensación de que a uno le faltó suspicacia, de que detrás del que te contaba lo bueno, realmente hay algo malo.  

14. ¿Es verdad que el titulo es lo que más atrae al lector?
Sí, el título juega un papel fundamental. Me impresiona que las historias que tienen buen titulo se leen mucho más. Y hay historias muy buenas, pero con un mal título, que se leen menos.

15. ¿Qué tan difícil es titular en un país en el que se repiten las historias?
Es difícil titular, aquí la que titula es Olga Lucía, mis títulos todos son aburridísimos. Olga Lucia es la que tiene el swing para hacerlo. Esto requiere gran habilidad, Juan Carlos Pastrana es un duro para eso. Yo soy muy mala, no sé cómo hacerlo pero sé que es importante hacerlo bien.

16. ¿Va a escribir un libro próximamente?
¡No! No tengo tiempo, me gustaría escribir un libro en el futuro, algún día quisiera escribir la historia de los hermanos Castaño porque la historia de esa familia es la historia del narcotráfico en Colombia. En Colombia el narcotráfico se ha cubierto desde una perspectiva que lo reduce a “una cosa de los malos”. Nunca hemos entendido el narcotráfico como fenómeno político, no se ha explicado exactamente cómo funciona y los Castaño representan de cierta manera las diferentes fases del narcotráfico. La fase “pura” traqueta, al estilo Pablo Escobar, después la fase más política y luego la fase de los negocios, que es Vicente. Y como es una saga tan interesante, ellos se han matado entre sí y eso me parece una gran historia. Por ahora no tengo tiempo sino para hacer lo que hago, pero si volviera a escribir haría un libro donde cuente una sola historia, una historia personal que cuente una gran historia del país.

II. La Silla Vacía
17. ¿De dónde salió el nombre de La Silla Vacía?
El proceso de escoger el nombre fue muy difícil. Intentamos unos treinta nombres y siempre que buscamos en Google ya estaban tomados. “La Silla Vacía” tiene la connotación de la negociación entre Marulanda y Pastrana. Después vino la reforma política fallida en el Congreso para que los parapolíticos no pudieran ceder su curul, otra alusión política. Luego los indígenas hicieron una marcha por la Panamericana para encontrase con el Presidente y Uribe no llegó, dejó la silla vacía. Entonces, cuando vi la silla vacía me dije: el poder en Colombia pasa por una silla vacía donde el que no va es el que realmente tiene el poder. Por otro lado, el nombre nos permitía jugar con que hay una silla vacía esperando a ser ocupada por un mejor periodismo, por un mejor ciudadano. Al principio había pensado bautizarla como “País Político”, pero sonaba aburrido para los que no les interesa la política. “La Silla Vacía” era lo suficientemente ambigua para la gente que no le interesa la política porque mi miedo inicialmente era que la gente pensara que esto tenía algo que ver con Tirofijo. Luego uno le va dando la personalidad al nombre y hoy creo que fue una buena decisión, es una metáfora. Pero fue un proceso de tortura a todos mis amigos durante tres meses.

18. ¿De dónde nace La Silla Vacía?, ¿cómo surge la idea?
La idea surge de una conversación con mi papá cuando terminé de escribir “País de Plomo” (Aguilar, 2005). Había pedido una licencia no remunerada en Semana y estaba atormentada porque tenía que volver a escribir de la misma manera, a hacer esas “censuras propias”, a escribir en ese tono de Semana que es tan estándar y tan homogéneo y, como ya había escrito de otra manera, sentía que eso era devolverse, entonces le dije a Alejandro Santos que me pasara a hacer Semana.com, monté la edición virtual diaria y fue una gran experiencia porque aprendí mucho sobre Internet. Después, cuando me fui a Harvard, durante ese año estudié todo lo que se había hecho en Internet y pertenecía a un centro que se llama el Berkman Center For Internet & Society, por donde pasaban el que se inventó Wikipedia, la Web, Politico, etc. Ahí comencé a desarrollar la idea del proyecto, en ese momento fueron las elecciones de Obama, descubrí el poder que tenían los blogs políticos como politico.com, y fue cuando me dije: “esto es lo que quiero hacer, más a mi medida”, porque no quería escribir ni de deportes ni de farándula sino solamente de política. Pude hablar con la gente que los hacía, aprendí y me pareció que era algo para lo que sí me podía conseguir la plata. Cuando terminé me contrataron para montar una revista en Nueva York que se llama Flipmedia.com. Conformé el equipo, las secciones y me dije: si ya puedo mandar a diez gringos y decirles cómo hacerlo, en Colombia me queda más fácil, y apliqué a la beca del Open Society Institute que me dio 100.000 USD. Con eso, más otra plata que tenía, monté La Silla Vacía y me financié durante el primer año. Tenía claro que no quería empezar un proyecto a lo pobre y mientras tanto hacer mil cosas yo sola, porque me parece que en estas cosas si tú no ganas impacto rápidamente en la Web te mueres. Debía tener un equipo lo suficientemente pequeño para poderlo sostener, pero lo suficientemente sólido para poder hacer algo que aportara contenido a la Web.

19. ¿Inspirado en qué?, ¿en su proyecto de Flypmedia?
No, Flypmedia es una cosa  muy multimedia. Mi modelo fue más politico.com. En un principio había pensado que fuera más para agregar contenido, pero hice el ejercicio y me di cuenta de que aquí Semana.com, Eltiempo.com, El espectador.com y Caracol tienen la misma noticia, y entonces otro sitio igual era sacar la misma noticia otra vez, mientras lo que en realidad hacía falta era nueva información, que es lo que me gusta hacer.

20. ¿Cómo definir la Silla Vacía?, ¿cuál es su naturaleza?
Yo la concebí como un nuevo medio de información que busca contar cómo se mueve el poder en Colombia y al mismo tiempo una plataforma que atrae a la gente más interesante del país para debatir sobre la actualidad política nacional.

21. ¿Hay alguna etiqueta que le podamos poner?, ¿es un “blog colectivo”, un “diario virtual”, una “agencia de noticias”?
Para mí es un medio de información. Cuando la gente me invita a charlas y habla de un “medio alternativo” siempre pienso que sí, claro que es alternativo en la medida en que no pertenece a un conglomerado económico, a una familia política y no es grande e importante como los demás medios. Pero siempre he tratado de no verme como un medio alternativo que escribe sobre las comunidades marginales, quiero estar en el centro del debate público y con los personajes centrales del poder, no con las cosas “alternativas”.

22. Inicialmente se financió con una beca y con recursos personales. Pero ahora La Silla Vacía, al tiempo que denuncia los exabruptos de la política, del Partido de la U por ejemplo, está inundada por publicidad pagada por este mismo partido. ¿Cómo explicar este fenómeno?
Tuvimos internamente un debate muy serio sobre si aceptar pauta política o no precisamente por eso. Sobre todo porque en la consulta liberal el único que pautó fue Pardo, a pesar de que se lo ofrecimos a todos los del Polo y a todos los del Partido Liberal, y nos comenzaron a llegar mensajes donde nos decían que éramos del Partido Liberal. En realidad, la pauta por Internet es muy barata, toda la pauta política de este mes por ejemplo nos va a dar apenas 15 millones, mientras la operación de La Silla cuesta 40 millones al mes. Ahora estamos entrando en pauta universitaria porque le ofrecimos a 45 empresas grandes, que son las que normalmente pautan y todas nos rechazaron, les parecíamos muy políticos, muy polémicos o muy antiuribistas. Por eso decidí concentrarme en pauta universitaria y política. Pronto comenzará a pautar La Tadeo, Los Andes ya lo ha hecho en varias facultades, y yo quisiera que el Rosario, el Externad, Eafit y otras universidades también lo hicieran. En todo caso, como los políticos saben que pautar en La Silla no garantiza que hablemos bien de ellos sino todo lo contrario, les importa estar ahí porque saben que todo el que lee La Silla Vacía va a votar. Además, a los políticos lo que les importa es que uno hable de ellos, aunque sea mal.

23. ¿Cómo logra un sitio comparativamente pequeño e independiente la primicia de los temas más delicados de la política nacional? Por ejemplo, con la chiva del sentido de la ponencia de Sierra Porto sobre el referendo, se le adelantaron a El Tiempo y El Espectador.
Sí, y los de El Tiempo por ejemplo citaron un twit de Mokcus, diciendo “tenemos un rumor”, sólo para no citarnos a nosotros en el tema. Hemos logrado tener impacto porque al uno ser independiente puede decir cosas que muchos medios de Colombia no dicen porque les amenaza la pauta, los amigos u otros negocios. El problema de Colombia es que, como el negocio dejó de ser solamente la credibilidad, y ahora se acompaña de otros, entonces El Tiempo por ejemplo quiere ganarse el tercer canal. En cierta forma, ser tan mal negocio te hace menos vulnerable a muchas cosas. Tener a varias personas que realmente están pensando ayuda mucho. En los medios se genera una especie de inercia, tan grande, que ya nadie piensa, todo el mundo produce “salchichas”. Claro, en Semana sí hay gente que piense, pero también hay esa inercia y es muy difícil innovar. Aquí somos muy poquitos, pero contamos con gente como Álvaro Tascón, Claudia López, Miguel Silva, gente de un nivel que yo nunca podría pagar, pero les parece chévere que esto exista y nos ayudan. Son personas de mundos muy diferentes que se aguantan que les dé lora y me dan una hora cada dos semanas. Todo esto hace que podamos tener, además de información, ángulos novedosos. De otra parte, aquí todos somos de verdad periodistas, nadie le está haciendo el favor a nadie sino que vamos y hacemos reportería. Yo me gasto horas reportiando porque me gusta, y el hecho de que nos guste Internet hace una diferencia muy grande porque genera una forma de pensar “web”, que a los medios impresos les cuesta mucho trabajo asimilar porque siguen apegados a la estructura del papel. Somos gente que trabaja en la Web porque quiere y no para verse en un impreso, no tenemos ese apego nostálgico que tiene la gente del impreso.

III. Periodismo y vanguardia mediática
24. Como periodista, ¿cree en la posibilidad de hacer periodismo neutral, objetivo e independiente?
Creo en la posibilidad de hacer periodismo justo en el sentido de que no me gusta ese periodismo donde se cuenta que estos dicen esto, estos otros dicen lo otro y punto. No siempre todos tienen la misma razón y por eso no les voy a dar indiscriminadamente el mismo espacio. Sí creo que uno debe tratar de hacer reporteria en contra de sus  propios prejuicios. Claro, yo tengo una posición política que es la de defender la Constitución del 91, yo soy de esa generación y creo en ella, pero no me parece bien que Andrés Felipe Arias saque un video y no cubrirlo neutralmente.

25. ¿El periodista debe ser apolítico?
Tenemos presiones políticas, pero hacemos reportería en contra de las presiones políticas. A mí me encanta Mockus, pero he hecho historias en contra del Partido Verde. Yo soy periodista antes que activista.

26. ¿Cómo ve la libertad de expresión periodística en Colombia?, ¿existe?, ¿está limitada?, ¿qué opinión le merece este gobierno al respecto?
Vengo de una familia que era checa que salió corriendo del Holocausto. A mis abuelos los mataron en Auschwitz, pero todos los demás pudieron huir. Yo crecí en medio de esas historias, de ese terror que se sentía en ese momento en Praga y después en Alemania Oriental, a donde fueron cuando todavía estaba bajo la Unión Soviética. Por eso siento que la gente que aquí piensa que no hay libertades es porque nunca ha ido a Birmania, donde los noticieros son controlados, a China, o incluso a Venezuela. Entonces, comparado con eso, pienso que en Colombia, donde criticamos a Uribe todas las semanas, nos burlamos de él en La Butaca y nadie nos ha perseguido, al menos en el nivel nacional, hay bastante libertad de expresión. A nivel local en cambio el periodismo es inexistente, uno en Córdoba escribe cualquier cosa y ahí mismo no solamente lo amenazan sino que le echan la mamá del colegio si es maestra. En Medellín me parece que lo de El Colombiano es una cosa que tiene que ver más con el negocio, con las presiones políticas de los dueños y no lo considero censura. Hablo es del periodista de radio de Villavicencio, que trabaja en los montes de María, esa gente no tiene ninguna libertad de expresión y, por la estructura del negocio, porque los locutores de radio tienen que conseguir su propia pauta y los únicos que pautan son el ganadero, o el alcalde, entonces están a sus pies, y el que no dice lo que el alcalde quiere pues se le quita la pauta. Allí no hay periodistas sino jefes de prensa. Además de eso hay amenazas de los actores armados y hostigamiento de parte de las fuerzas militares, o del gobierno, pero creo que lo que más restringe la libertad de expresión a nivel regional es la estructura del negocio, que es perversa.

27. Y la radio alternativa,  ¿funciona?
Sí, hacen cosas interesantes pero es un periodismo de vereda, sin proyección nacional. Hacen un trabajo bonito, rescatan lo bueno que la gente hace, pero es un periodismo muy infantil.

28. Cerraron la Revista Cambio por “razones económicas”. Todos conocemos el incidente del despido de Claudia López de El Tiempo y en La Silla acaban de sacar una nota evaluando la efectividad de la “política de adoctrinamiento” del diario con respecto a la reacción frente al cierre de Cambio. De los columnistas de El Tiempo sólo protestaron dos. ¿Se dejaron “dominar”? ¿Qué le espera a ese periódico?
El Tiempo cada vez es más malo y con Planeta es evidente que le apuestan a la parte comercial. Explícitamente lo han hecho, decidieron que ya no le llegan a los estratos 5 y 6 sino que quieren llegarle más a 3 y 4, que quieren cosas mucho más light en primera página. Tú ves a veces la página de Eltiempo.com y parece un periódico de pueblo, que le apunta al mínimo común denominador, lo cual tiene mucho sentido en términos de negocio pero es muy malo en términos de la democracia. El Tiempo desde hace muchos años, desde que yo trabajaba ahí, ya era muy malo, pero los Santos mal que bien tenían un compromiso más democrático, por lo menos con su imagen o con el rol que tenían como poder, y sentaban editoriales sobre Bogotá interesantes, pero cada vez dicen menos cosas, y además lo que dicen no importa.

29. Finalmente absolvieron al periodista Alfredo Molano de una denuncia por calumnia e injuria. ¿Hasta dónde debe llegar la libertad de expresión de los columnistas de opinión?, ¿tienen el derecho a denunciar, aun sin pruebas judiciales idóneas, a quienes estando en el poder despiertan sospechas?
Los periodistas muchas veces actuamos con una impunidad que es inaceptable. La honra de la gente es algo que se debe proteger y para uno como periodista es muy fácil, sin cometer un delito, acabar con la honra de una persona con puros rumores. Cada vez que alguien me dice “si publicas eso te demando”, yo digo “bueno”. Es decir, hice una historia de La Gata en Semana y ella me dijo que me demandaría y le dije: “Emilse, si usted me dice que me mata yo no la publico. Si usted me dice que me demanda, yo la publico porque me parece bien que usted utilice los mecanismos civilizados para protestar”. Entonces, demandar es un derecho que tiene la gente y lo debe usar porque los periodistas deberían ser mucho más cuidadosos en lo que dicen. Ahora, lo que pasa es que si uno solamente se atuviera a las pruebas judiciales, en Colombia no sabríamos el 90% de las cosas que suceden, no sabríamos lo de las chuzadas del DAS, no sabríamos lo de los falsos positivos, no sabríamos lo de Jorge Noguera, no sabríamos lo de Agro Ingreso Seguro, no sabríamos nada. Entonces pienso que uno como periodista se mueve en un campo muy complicado porque no se puede conformar con la verdad judicial, ya que casi siempre la verdad judicial viene después de la verdad periodística. Cuando comencé a hacer todas las historias de la parapolítica en Semana fui la primera que habló sobre el tema, presenté un derecho de petición a la Corte Suprema y no tenía ningún caso, tenía el del “Gordo García”, una investigación preliminar, pero no tenían un solo caso. Sólo después de que con Claudia López hicimos todas esas historias nos citaron para que les contáramos qué sabíamos, y les dije: “ahí están mis artículos periodísticos”. Ése es el dilema.

30. En últimas, la verdad periodística se vuelve un insumo fundamental para la rama judicial…
Es impresionante, en todo lo que es paramilitarismo, en todos los casos de justicia y paz, el fiscal me decía: “yo uso los artículos”. Se trata de un dilema en el que uno se mueve muy complicado, pero siempre hay que tener más que rumores para escribir una historia.

31. Volviendo al tema de Claudia López, su despido de El Tiempo fue muy particular porque a Claudia no se le censuró su columna sino que se le publicó y, sin notificarle personalmente, se anunció en la misma columna que estaba despedida del periódico. ¿Qué opinión le merece este procedimiento?, ¿se vulneró la libertad de expresión de Claudia López?
No. Creo que Roberto Pombo lo quiso hacer así para notificar a los demás periodistas que hay una frontera que no deben cruzar y el hecho de que los columnistas de El Tiempo hayan tenido una reacción tan mojigata frente a lo de la Revista Cambio es un síntoma de que esa advertencia funcionó. A Claudia le publicaron su columna, dijo lo que dijo y pienso que la forma de sacarla fue muy torpe porque le hizo mucho daño a la credibilidad del periódico, aunque entiendo que los periódicos tienen derecho a tener a las personas que quieran. Pero es muy el grave el mensaje a los columnistas de que pueden criticar al que quieran salvo al periódico. Pienso que en Colombia hay un pacto secreto entre los medios de que ninguno habla mal de los otros, a mí la única historia que me censuraron fue sobre otros medios. Hay un protocolo de caballeros que nadie viola y por eso los medios en Colombia son muy poco transparentes.

32. La democracia cada vez está más “mediatizada” en el sentido de que los medios masivos de comunicación se han convertido en la clave de bóveda no sólo para acceder al poder político sino para mantenerlo, a pesar del desgate natural que genera su ejercicio y los escándalos de corrupción. En este contexto, ¿qué función están llamados a cumplir los medios de comunicación en Internet?
Internet cambia ese paradigma democrático. En el libro Netocracy (FT Press, 2002), escrito por autores suecos, se dice que los ciudadanos, con los medios masivos de comunicación, formaron su identidad en tanto se identificaban con ellos o los rechazaban, es decir, la identidad se formaba con referencia a los medios de comunicación. Lo que cambia ahora es que, como Internet está articulado a través de redes, la identidad de la gente se forma con relación a la red a la que pertenece. Ahora hay más “tribus” que estados-nación y en esa medida se desarrolla la idea democrática que existe. Es decir que, en muchos sentidos, yo tengo mucho más que ver con mis amigos de Harvard, que son de diferentes partes del mundo, estoy mucho más conectada con ellos y mi identidad está mas cercana a ellos que al 80% de los colombianos. Y en el fondo mi vida quizá termina más afectada por lo que ocurre en esas redes que por lo que sucede a nivel nacional. Creo que cada vez ocurrirá más así, que las grandes decisiones que afectan a la gente se tomarán en esas redes no gubernamentales.

33. Canalizadas por Internet sobre todo…
Claro, articuladas por Internet. Ese concepto del “estado-nación democracia” sigue existiendo, pero va a perder cada vez más vigencia, las decisiones se toman en el Banco Mundial o son el resultado de redes. Por ejemplo, hicimos una historia sobre exiliados de los paras, un afrocolombiano del Urabá que había sido desplazado por los paras y un sindicalista de Sintrainal, de Villeta. Los paras llegaron a matarlos y ellos se exiliaron. El de Sintrainal se puso a trabajar con el sindicato de los United Steelworkers, que es el más grande de los Estados Unidos, y el afrocolombiano se vinculó con todas las organizaciones negras de Estados Unidos. Fue a través de esta alianza que el sindicalista logró que los de steelworkers tomaran de tema a Colombia y en adelante en todas las elecciones de los demócratas iban y decían “usted tiene que votar en contra del TLC”. Lo lograron y esto terminó teniendo mucha más influencia sobre el TLC que cualquier otra cosa. Vemos también a los empresarios: yo crecí en ese mundo donde los floricultores se la pasan hablando con los rusos, esa globalización que se ha dado por el lado empresarial se ha dado también  por el lado social y pienso que esas redes terminan teniendo un impacto político mucho más grande que lo que decide el Congreso. Ahí es donde los medios, sobre todo los medios en Internet, nos alimentamos de las redes y alimentamos las redes.

34. ¿Los medios de comunicación son un “contrapoder” o un “cuarto poder”?
Esas categorías académicas me parecen un poco carreta. Todo depende de cómo actúes: a veces eres contrapoder, a veces eres cómplice del poder.

35. En los inicios de la democracia electoral se dijo que “el que vota elije”. Luego, con el auge de la industria de los sondeos de opinión, que “el que encuesta elige”. Hoy con la globalización y el desarrollo de los medios masivos de comunicación ¿quién elige?, ¿el que informa?
No tengo confianza en que uno impacte tanto porque la mayoría de la gente no lee El Tiempo, menos La Silla Vacía y mucho menos las revistas. Me parece que el poder de los medios es más un poder de redundancia: que si dices algo muchas veces y mucha gente lo dice muchas veces, esto comienza a crear unos conceptos que son acumulativos. Me impresiona por ejemplo lo que pasó con el primer articulo que escribí sobre la parapolítica en el 2003. Claudia había hecho los mapas y yo hice la investigación periodística. Alejandro Santos no nos dejó publicar los mapas de Claudia, y en parte tenía razón, porque era como decir que los congresistas ordenaban las masacres. A mí me parecía que sí tenía su correlación, le pregunté si me dejaba dárselo a los de El Tiempo, me dijo sí, y entonces yo se lo di a Álvaro Sierra, pero en El Tiempo no se lo dejaron publicar. Seguimos haciendo las historias, no pasó nada, y cuando llegué a Semana.com parte de mi objetivo era publicar la clave de los mapas. Yo me pasé a Semana.com porque allí tenia autonomía y publiqué la clave en una sola columna, publicamos los mapas, todo fue planeado, y no pasó nada. Por ese entonces me invitaron a un foro académico donde iban a estar todos los dueños de medios a hablar sobre la guerra. Dije que iría si Claudia podía ir a hablar sobre temas electorales. Claudia fue y presentó los mapas, allí estaban todos los dueños de medios y creímos que lo habíamos logrado, “mañana es primera página de El Tiempo”, pensamos. No sacaron una palabra. No podíamos creerlo, ya habían pasado ocho meses y las dos seguíamos investigando hasta que Gina Parody, cuando Juan Manuel Santos metió a esos paramilitares en su lista, le dijo “si ellos van yo no voy, y no voy porque Claudia López publico en Semana.com la prueba de que eran unos paracos”. Entonces ahí sí Julito, pero porque ya era un evento político, comenzó a hablar de los mapas que nosotras habíamos publicado hacía ocho meses (!) y sólo en ese momento la cosa empezó a coger tracción. Pienso entonces que las cosas son acumulativas y nosotros no elegimos. Tal vez lo que sale en televisión tiene más impacto, pero debe darse una cadena de eventos concatenados entre lo mediático y lo político para que tenga impacto. El efecto de uno es más retroactivo. Por ejemplo, yo saco una historia sobre X porque quiero que, en cinco años, cuando “googleen” a X, ésta aparezca. Es algo que sirve más para el récord de que así sucedió, que para que pase algo ahora.

36.¿Se cae el referendo en la Corte Constitucional? Si no se cae, ¿Uribe ganaría las elecciones por tercera vez? ¿Cuál de los actuales candidatos presidenciales le gustaría ver en la Casa de Nariño?
No voy a contestar porque no quiero que la gente comience a leer las historias desde esa perspectiva, pero me gustaría que llegara alguien que piense que no se vale cualquier medio para alcanzar los fines y además entienda que el problema de Colombia es un problema ético y de tolerancia con la ilegalidad, más que un problema de hacer carreteras. Me gustaría que llegara alguien para quien la protección del medio ambiente y la biodiversidad  sean eje fundamental en el desarrollo de Colombia. Me aterra que estemos pavimentando toda nuestra biodiversidad.



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